Los textos académicos pueden ser:

  • Informes: describen y analizan de manera detallada y ordenada fenómenos, datos, conceptos, ideas, hechos o sucesos.
  • Ensayos: consisten en desarrollar un tema, hecho o acontecimiento sin el requerimiento de aportar información que respalde nuestro análisis, siendo rigurosos en la argumentación y la consistencia del discurso.
  • Monografías: consisten en recabar información sobre un tema específico, seleccionarla, compararla y analizarla con rigor y parsimonia.
  • Tesis o papers: refieren a un tema o fenómeno específico cuya investigación e hipótesis debe ser original y utilizando métodos apropiados.

El propósito de este texto es demostrar que escribir es posible, incluso con las múltiples obligaciones que tenemos en nuestras vidas diarias, lo que hace falta no es más tiempo, sino pensar la escritura de otra manera y organizarse para poder hacerlo. Lo primero que tenemos que evitar es, como señala Becker (1984), la pretensión de escribir “de un plumazo”.

Es común escuchar a los estudiantes decir que dejaron para el día anterior o el fin de semana anterior a la entrega la tarea de la escritura de sus monografías o trabajos. Este es el primer gran error y por lo general, la principal causa de las experiencias negativas que suelen tener porque implica que el trabajo escrito tuvo que poder hacerse de forma completa y correcta, en las pocas horas disponibles.

No importa el cansancio o si surgen otras responsabilidades, hay que escribir para entregar. La mayoría de los académicos más experimentados tampoco podrían escribir cómodamente en estas circunstancias y quedar conformes con el resultado.

Otro de los puntos de partida para comenzar a escribir es saber que, si nuestro texto no es comprendido de la manera que quisiéramos, lo más seguro es que sea por fallas en su redacción y composición.

Evitar la composición oscura o la retórica en la escritura

Una redacción que usa reiteradas veces grandes y rimbombantes palabras no es un texto más inteligente, ni expresa necesariamente una gran idea. Cuando la prosa es ambigua o confusa, no se advierte de inmediato lo que se quiso decir y los lectores hacen sus propias interpretaciones, a veces, contradictorias. La claridad del texto y la inteligencia de sus argumentos no mejoran por usar palabras rebuscadas ni argumentos confusos. La inteligencia de las ideas está dada por la complejidad del tema y la profundidad del pensamiento.

Disminuir el uso de adjetivos.

Si usted los utiliza mucho, haga el siguiente ejercicio: quite todos los adjetivos dejando sólo los estrictamente necesarios (por ejemplo, si hablamos de clases sociales y es preciso señalar que estamos trabajando con clases bajas), luego revise el texto y vea qué queda. Puede pasar que quede poco y que a su texto le esté faltando revisar las ideas o argumentos.

Ahora si considera que los argumentos y exposiciones están presentados de la manera que usted desea, en ese caso los adjetivos tampoco agregan claridad al texto.

Minimizar las construcciones pasivas.

La voz pasiva es el recurso del escritor novato, es una forma de escribir medrosa y llena de miedo. Esto tampoco significa que debas eliminar por completo la voz pasiva de todos tus escritos, nada más lejos, sólo significa que debes saber usarla. Voy a intentar explicarte esto de forma sencilla.

Cuando usamos la voz activa estamos contando quién está haciendo qué de forma directa. Las frases de forma activa suelen seguir el patrón: alguien (nombre) hace algo (verbo). El que hace la acción suele ser el sujeto de ese predicado.

El chico lanzó la pelota. Rompió una lámpara y cayó en la fuente, mojando a una paloma soñolienta.

Cuando usamos la voz pasiva, el verbo necesita un recipiente, alguien o algo sobre lo que la acción es realizada, ese será el sujeto del verbo. El que realiza la acción (si es que se incluye en la frase) será un simple modificador del verbo.

La pelota fue lanzada por el chico. La lámpara fue rota por la pelota, y una paloma fue mojada al caer la pelota en la fuente.

No sé como lo veréis pero yo me quedo con la primera frase. Las personas no usamos la voz pasiva para hablar, por tanto, tú tampoco deberías usarla para escribir.

La voz activa da una imagen mucho más clara de lo que está pasando realmente. Además las frases pasivas, tampoco son estructuras bonitas, en realidad sólo la parte de «La pelota fue lanzada«, parece estéticamente correcta, el resto es una pesadilla.

Emplear oraciones cortas:

las oraciones largas, por lo general, son más difíciles de entender que las cortas. Esto se debe a que en oraciones largas: a) el sujeto suele estar más apartado del verbo, lo que genera confusión u obliga a releer; b) las oraciones largas contienen tanta información que dificulta al lector extraer el material importante. No hay un número máximo de palabras establecido, pero en los textos académicos suelen empelarse oraciones menores a 25 palabras.

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